20.2.07

Un Almuerzo de Tres Paradigmas, parte 1/2

Recientemente, tres personas con tres paradigmas diferentes tuvimos la oportunidad de sentamos a hablar. Dos del encuentro éramos Cristianos, mientras que el otro era ateo. ¿Por qué digo que eran tres paradigmas, si dos éramos Cristianos? Pues porque mi amigo y hermano allí presente defendía la fe según el evidencialismo, y yo según lo presuposicional.

(Nota: Quiero tener mucho cuidado de no desmeritar algo sumamente esencial: a pesar de que no hablábamos según la misma perspectiva, mi hermano presente y yo estábamos - y aún estamos - en completa unidad. Reiterando la analogía de los mundos usada en el post anterior, ese día sólo habían representantes de dos mundos: el Cristiano y el ateo.)

Luego de disfrutar de un delicioso almuerzo en casa de mi amigo, seguido de una exquisita taza de café, empezó la ineludible confrontación. No hubo Bibliazos, sillas volando, ni insultos groseros; sólo la interacción de ideas desde dos perspectivas irreconciliables, pero todo en un ambiente sumamente tranquilo. ¡Ya quisiera tener confrontaciones de este tipo todo el tiempo!

El ateo, un joven sumamente letrado, duró un tiempo diciéndonos por qué no podía creer en Dios ni en Cristo. Dudó mucho de que los milagros que afirmamos cumplió el Mesías fueran ciertos, basado en su aserción de que otras civilizaciones portan mitos similares. Para él, el Cristianismo no era otra cosa que un mito más.

Aparte de esto, el otro problema que tenía con la fe Cristiana era que, según él, no presentaba las suficientes evidencias para que él, personalmente, pudiera verificar su veracidad. Ahora, esta es la señal que el apologeta tradicional (evidencialista) toma como "su gran oportunidad" para ofrecer evidencias que él piensa son irrefutables. Sin embargo, como todo presuposicionalista sabe, las evidencias también serán interpretadas a través de una cosmovisión.Por ejemplo, ninguna evidencia será suficientemente buena para probar lo sobrenatural desde una cosmovisión que de plano niega cualquier existencia de lo sobrenatural.

Mi hermano presente ofreció la evidencia creacionista, el argumento teleológico (que argumenta a partir del diseño de la creación), el argumento basado en la precisión de los factores cosmológicos, junto con otros argumentos evidencialistas similares. Predeciblemente, el ateo respondió que esas evidencias sólo funcionan cuando se asume la existencia de Dios a priori. O sea, no sirven para probar a Dios partiendo desde un "punto neutro" (punto que no existe, como dije en mi post anterior). Mi hermano incluso le lanzó la Apuesta de Pascal, la cual fue similarmente descartada sin más.

Pausemos un momento y examinemos cómo es que funciona la mente del ateo. El ateo afirma que todo lo que cree es por evidencias presentadas de antemano. Esa es su presuposición principal. Sin embargo, el ateo frecuentemente neutraliza cualquier argumento evidencialista ofrecido por el Cristiano de forma presuposicional, no evidencial como el Cristiano evidencialista quisiera. Pero debajo de todo esto, lo que el ateo realmente pretende es que se argumente a partir de un "punto neutral", que es lo mismo que el Cristiano evidencialista piensa que está haciendo. O sea, ambos fingen o creen estar dialogando desde un punto neutral. Lo que el Cristiano usualmente no comprende es que el único "punto neutral" que el ateo admite es . . . un punto neutral ateo; es decir, un "mundo SIN DIOS". Esto no es más que un intento forzado a concederle el debate antes de que el debate empiece.

Lo diré de otra forma: Lo que el ateo propone como base - vamos, como pre-condición - para la conversación es algo como, "imaginémosnos por un momento que Dios no existe. Con métodos completamente naturales, empíricos, y científicos, ¿cómo pudiéramos probar su existencia?". El Cristiano evidencialista suele caer vergonzosamente en el terrible error de aceptar, siquiera por un segundo, aquello de "imaginémosnos por un momento que Dios no existe".

Para el presuposicionalista, por otro lado, esta propuesta es completamente aberrante, horrorosa, blasfema e inaceptable. ¿Por qué debería yo partir y discutir desde un punto de vista que es, a fin de cuentas, la negación misma de mi postura? ¿Por qué debo permitir que se me imponga una cosmovisión ajena como pre-condición para el diálogo? ¿Por qué debo ser yo quien abandone mi fe para luego intentar defenderla con toda desesperación? Esto es como el que va a un duelo en el que ambos van armados con espadas y con armadura, pero concederle el favor al contrincante cuando este le pide que se quite la armadura y que tire su espada, porque si no, no hay duelo. Tales son los ridículos intentos del ateo para ganar el debate antes de empezar, y ningún Cristiano debería caer en esto jamás.

En el próximo post continuaré con el relato con que he abierto, e intentaré demostrar que la apologética presuposicional no pide a la postura contraria que abandone ni su arma ni su armadura, sino que le obliga irremediablemente a cometer seppuku.

Gozo en Su reposo,

A&R

1 comment:

caro said...

Alex,
Aquí me tienes en espera del resto del relato-análisis.
Suena bien.
Invita a la aventura de toparse con más ateos. Ji,ji,ji.

Saludos