24.8.06

Atanasio y la Resurrección, parte I

Para los que me conocen, no es un secreto que uno de los personajes de la historia de la fe que más me fascina es Atanasio (296 - 373 d.C.). Para los que no lo conocen, fue el obispo del siglo IV quien se paró firme contra la herejía Arriana, y defendió la doctrina de la deidad de nuestro Señor Jesucristo.

Hay algo de los escritos de Atanasio que lo hace lógico, genial y bien construído, pero a la vez simple y breve en sus argumentos. Incluso mentes como la de C.S. Lewis se vieron conmovidas por su estilo. Es increíble que aún a través de la nube de escritos "cristianos" teñidos por los tiempos, las palabras de Atanasio, en constraste, son evidentemente de índole atemporal (eterna).

Aunque no es el primer capítulo de su libro "Acerca de la Encarnación", traduzco una porción de la sección que trata sobre la Resurrección. He insertado algunas pausas de párrafo extra para facilitar la lectura.

Ciertamente aplicable, y enteramente consonante fue la muerte en la cruz por nosotros; y podemos ver cuán razonable fue, y por qué la salvación del mundo no podía ser alcanzada en ninguna otra manera. Aún en la cruz El no se escondió de vista; al contrario, El hizo que toda la creación fuera testigo de la presencia de su Hacedor. Luego, habiendo mostrado de una vez que ella estaba muerta, El no permitió que el templo de Su cuerpo permaneciera por mucho tiempo, sino que al tercer día fue levantado, impasable e incorruptible, la promesa y evidencia de Su victoria.

Estaba, por supuesto, dentro de Su poder el levantar Su cuerpo, y hacerlo revivir justo después de la muerte. Pero el todo-sabio Salvador no lo hizo así, a riesgo de que algunos fueran a negar que había realmente o completamente muerto. A pesar de esto, si el intervalo entre Su muerte y Su resurrección hubiese sido de dos días, la gloría de Su incorrupción no hubiese aparecido. El esperó un día completo para mostrar que Su cuerpo había estado completamente muerto, y luego al tercer día lo mostró como incorruptible a todos. El intervalo no fue más largo, para que la gente no se olvidara de ello y se volviese dudoso de que si era en verdad el mismo cuerpo. No, mientras que el asunto estaba aún sonante en sus oídos y sus ojos estaban aún forzándose y sus mentes en tensiones, y mientras que aún los que Le habían puesto a muerte estaban aún en aquel lugar y ellos mismos siendo testigos de ellos, el Hijo de Dios luego de tres días mostró Su cuerpo que una vez estaba muerto, como inmortal e incorruptible; y era evidente a todos de que no fue por alguna debilidad natural que el cuerpo habitado por el Verbo había muerto, sino para que por el poder del Salvador la muerte fuese destruída.

Una muy fuerte evidencia de la destrucción de la muerte y su conquista por la cruz es suplida por un hecho presente, y es esto. Todos los discípulos de Cristo odian la muerte; toman la ofensiva contra ella y, en vez de temerle, por la señal de la cruz y por la fe en Cristo la pisotean como algo muerto. Antes de la divina travesía por el Salvador, aún los más santos hombres estaban temerosos de la muerte, y lamentaban la muerte como aquellos quienes morían.

Pero ahora que el Salvador ha levantado Su cuerpo, la muerte ya no es algo terrible, sino que todos los que creen en Cristo la pisotean como si fuera nada, y prefieren morir antes que negar su fe en Cristo, sabiendo completamente que cuando ellos mueren no perecen, sino que realmente viven, y se vuelven incorruptibles por la resurrección.

Pero aquel diablo que en antaño maliciosamente se alegraba en la muerte, ahora que nos hemos liberado de los dolores de la muerte, solamente él es el que queda verdaderamente muerto. Hay evidencia de esto también, pues hombres quienes, antes de que creyeran en Cristo, pensaban que la muerte era horrible y están temerosos de ella, una vez son convertidos la odian tanto que están ansiosos de encontrarse con ella, y ser ellos mismos testigos de la resurrección del Salvador. Incluso niños desean alcanzar esa muerte, y no sólo los hombres, e incluso las mujeres se entrenan por disciplina de sus cuerpos para encontrarse con ella. Tan débil se ha vuelto la muerte que incluso las mujeres, quienes antes habían sido molidas por ella, ahora se burlan de ella como algo muerto que ha sido robado de toda su fuerza.

La muerte se ha vuelto como un tirano quien ha sido completamente conquistado por el monarca legítimo; atado de pies y manos, los que pasan se mofan de ella, le dan de golpes y le abusan, ya sin temor de su crueldad y rabia, porque el rey le ha conquistado. Así es que la muerte ha sido conquistada y marcada como lo que es por el Salvador en la cruz. Está atada de pies y manos, y todos los que están en Cristo la pisotean mientras pasan y le insultan como testigos de El, mofándose y diciendo, "Oh muerte, ¿dónde está tu victoria? Oh sepulcro, ¿dónde está tu aguijón?"

¿Es acaso esto una evidencia flaca de la impotencia de la muerte, cree usted? ¿O es esto una muy pequeña indicación de la victoria del Salvador sobre ella, cuando niños y niñas jóvenes quienes están en Cristo pueden mirar más allá de esta vida presente y se entrenan para morir? Todos están, por naturaleza, temerosos de la muerte y de la disolución del cuerpo; la maravilla de maravillas es que aquel que es arropado en la fe de la cruz desprecia este temor natural y por la salud de la cruz no es ya más cobarde en la cara de ella.

La propiedad natural del fuego es quemarse. Suponga, entonces, que haya una sustancia como se dice es el asbestos de la India, que no tenía temor de ser quemado, sino que mostraba la impotencia del fuego probando ser imposible de quemar. Si alguien dudase de la veracidad de eso, todo lo que necesitaría hacer sería envolverse en la sustancia en cuestión y luego tocar el fuego. O bien, de nuevo, para revertir a nuestra previa figuta, si alguien quisiera ver al tirano atado y sin remedio, quien solía ser tan terrible hacia los demás, luego de tantas evidencias y tantos martirios en Cristo y tanta mofa diaria a la muerte de parte de Sus más verdaderos siervos, ciertamente hace bien en maravillarse de tal cosa, pero no debería ser obstinado en la incredulidad y falta de atención a los hechos sencillos. No, él debería ser como el hombre quien desea probar la propiedad del asbestos, y como aquel quien entra a los dominios del conquistador para ver al tirano atado. El agnóstico en la conquista a la muerte debería entregarse a la fe de Cristo, y venir a Su enseñanaza. Luego podrá observar qué tan impotente es la muerte, y cómo ha sido completamente conquistada. De hecho, han habido muchos ex-creyentes y disidentes quienes, luego de que se tornaron en creyentes, mofaron a la muerte tanto que ellos mismos se volvieron mártires para Cristo.


Más luego, por favor comenten si les he gustado esta porción.

A&R

2 comments:

crhys said...

Hola Alex, me gusto mucho y se que Dios lo coloco, justo Hoy para leerlo, hable con algunos amigos acerca, de la guerra espiritual, pero tengo una pregunta para ti... ojala me ayudes, ¿Contra que clase de enemigo estamos llamados a pelear?, lo que lei habla acerca de la muerte, y es totalmente cierto lo expuesto, pero que de Satanas, el enemigo al cual se refieren que esta derrotado esta derrotado?, o hay entre nosotros un enemigo que falta por derrotar?, contra quien peleamos espiritualmente?¿ porfa ayudame con esta cuestion
Saludos llenos de bendicion en aquel q su vida dio en amor!!

Alexander Rodríguez said...

Crhys, mi opinión actual es que la "guerra espiritual" no es librada hoy día contra seres malignos que no tienen poder pero que sí tienen poder... nuestras armas no son carnales sino espirituales, para que? Para destrucción de fortalezas, y todo ARGUMENTO que se levanta contra el CONOCIMIENTO de Dios (2 Cor 10:4-5). Esa es la guerra espiritual que libramos hoy día, en mi humilde opinión.

Bendecido eres,

A&R